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«Ojalá tengas suerte», fueron sus últimas palabras, el último mensaje que me envió hace unos días cuando le contaba que estaba haciéndome las pruebas para entrar en la lista de espera de trasplante. «Gracias, Pepe», fue mi respuesta, la misma que tantas otras veces. La misma que escuché de boca de tanta gente a lo largo de los años en que compartimos el esfuerzo y la ilusión por sacar adelante ALCER.

Sería por el año 2007 cuando me llamó y me pidió que entrara a formar parte de la Junta Directiva. Él, por entonces, aún no era presidente, lo fue poco después. No tardó ni diez minutos en convencerme de que me tocaba echar una mano a quienes antes tanto me habían ayudado. Y poco a poco fuimos labrando una amistad basada en el respeto mutuo. Como él decía: «tú pones el cerebro y yo el corazón».

Pero qué corazón. Tan grande que de vez en cuando le daba algún aviso. Le decía que no podía darlo todo a los demás y que debía guardar algo para él. Porque Pepe siempre estaba. Pepe recibía a quien llegaba a ALCER con una mezcla de miedo e incertidumbre y le daba la mano, le calmaba y le transmitía paz y esperanza. Si había que dar una charla para fomentar la donación, ahí estaba Pepe. Si sabía que algún compañero o compañera estaba ingresado, ahí estaba Pepe. Si alguien se trasplantaba, ahí estaba Pepe. Si había que hacer uno y mil recados, ahí estaba Pepe. Si había que hacer una visita cultural, Pepe estaba al frente de la expedición. Si había que inflar globos para el Belén de la Solidaridad, Pepe era el que más inflaba y el que no faltaba en ningún turno. Pepe siempre estaba, siempre. Tanto que más de una vez había que decirle «Pepe para, descansa, dosifica». Pero cuando alguien tiene tanto que dar, siempre falta tiempo, nunca es suficiente.

Ahora te imagino en las puertas del cielo dando las gracias a todos los donantes que vayan apareciendo por allí. Vendiendo lotería hasta al mismísimo San Pedro si hace falta. Conversando con tu Meli y con tu María José. Riéndote con las bromas de Paquito o pasando lista de tantos amigos y amigas a los que te tocó despedir antes de tiempo y que tanto echamos de menos. «Ojalá tengas suerte» me dijiste. Ya la tuve y fue compartir tantas cosas contigo. Gracias, Pepe.

Mario Sánchez
Vicepresidente de ALCER Giralda

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