El abordaje de la litiasis renal ha protagonizado una de las transformaciones más profundas dentro de la Urología moderna. Lo que durante siglos solo pudo tratarse mediante cirugía abierta —procedimientos agresivos, con elevadas tasas de complicaciones y largas recuperaciones— hoy se resuelve, en muchos casos, con técnicas mínimamente invasivas e incluso con apoyo de inteligencia artificial.
Así lo explica el doctor Alberto Budía, jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitari i Politècnic La Fe y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española de Urología (AEU), con motivo de la 35ª Reunión Nacional LELR (Litiasis, Endourología, Laparoscopia y Robótica).
El gran cambio llegó en la década de los 80 con la introducción de la litotricia extracorpórea por ondas de choque (LEOC), que permitió por primera vez fragmentar los cálculos renales desde el exterior del cuerpo, sin necesidad de cirugía abierta. Fue el inicio de una nueva era.
En paralelo, el desarrollo de la endourología abrió la puerta al acceso intraluminal mediante instrumentos cada vez más finos. Primero con la ureteroscopia rígida y posteriormente con la ureteroscopia flexible o cirugía intrarrenal retrógrada (RIRS), capaz de alcanzar prácticamente cualquier localización del sistema colector renal.
La nefrolitotomía percutánea (NLP), indicada para cálculos de gran tamaño o elevada dureza, también ha evolucionado hacia versiones miniaturizadas (mini-perc y ultra-mini-perc), reduciendo el trauma quirúrgico sin renunciar a la eficacia. “Lo que antes implicaba cirugías invasivas y largas hospitalizaciones, hoy puede resolverse con técnicas mínimamente invasivas que han transformado la experiencia del paciente”, subraya Budía.
Factores de riesgo: más allá del riñón
La litiasis renal es una patología de etiología multifactorial. Entre los factores metabólicos destacan la hipertensión arterial, la diabetes tipo 2, la obesidad y la dislipidemia, lo que ha llevado a considerarla también una enfermedad metabólica sistémica. La hipercalciuria idiopática está presente en hasta el 35 % de los casos.
En el ámbito dietético, la baja ingesta de líquidos es el factor más consistentemente asociado a la formación de cálculos. El consumo elevado de sodio y fructosa incrementa el riesgo, mientras que una dieta equilibrada y una hidratación adecuada actúan como principales medidas preventivas.
También existen factores genéticos —como la cistinuria o la hiperoxaluria primaria—, ambientales —especialmente climas cálidos y secos que favorecen la deshidratación— y farmacológicos, ya que determinados medicamentos pueden favorecer la cristalización urinaria.
La urolitiasis presenta una tasa de recurrencia de entre el 30 % y el 50 % en cinco años, alcanzando el 50 % en la década posterior al primer episodio. Los cálculos de oxalato cálcico, que representan más del 80 % de los casos, tienden a reaparecer si no se corrigen los factores predisponentes. En cambio, los cálculos de ácido úrico pueden disolverse mediante alcalinización urinaria.
Los programas preventivos individualizados —basados en hidratación adecuada y ajustes dietéticos específicos— han demostrado reducir las recurrencias hasta en un 50 %, según metaanálisis recientes.
Más allá del dolor agudo del cólico renal, la recurrencia puede asociarse a deterioro progresivo de la función renal, infecciones urinarias repetidas e incluso insuficiencia renal crónica.
Tecnología láser y nuevas técnicas
En la actualidad, la fragmentación con láser mediante RIRS se ha consolidado como una de las técnicas más eficaces, permitiendo pulverizar cálculos de cualquier localización con mínima agresión tisular y, en muchos casos, con alta hospitalaria en 24-48 horas o incluso en régimen ambulatorio.
Los avances en tecnología láser, como el láser de fibra de tulio (TFL), han mejorado la eficiencia y seguridad en la fragmentación. Además, nuevas modalidades como la Burst Wave Lithotripsy (BWL) prometen superar las limitaciones de la litotricia clásica, con menor impacto en el tejido adyacente.
El siguiente salto cualitativo viene de la mano de la inteligencia artificial. En diagnóstico por imagen, los algoritmos de aprendizaje profundo ya permiten detectar y caracterizar cálculos con alta precisión en tomografía computarizada y ecografía, estimando incluso su composición antes de la intervención.
En apenas cuatro décadas, el tratamiento de la litiasis renal ha pasado de cirugías abiertas y recuperaciones prolongadas a procedimientos mínimamente invasivos apoyados por tecnología avanzada e inteligencia artificial. Una evolución que no solo ha mejorado la eficacia clínica, sino que ha transformado radicalmente la experiencia y la calidad de vida de los pacientes.

